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El mundo empezará de nuevo, Ander Izagirre

Literatura
Koadernoa
Koadernoa: Ander Izagirre
DK ON!
2020 Mai 08
/ 12:00
Gaztelaniaz

Munduaren amaiera baino kontu zaharragorik ez dago. Gure paisaian markatuta dauzkagu Azken Judiziorako prestatzen ari zirenen aztarnak, Arabako ermitauen zenbait kobazulotan adibidez. Garai zoriontsuetan ahaztu egiten zaigu, baina gizakiok beti bizi gara apokalipsiaren ertzean.

Koadernoa izeneko egitasmoaren barruan, gure idazle eta ilustratzaileek kontakizun labur argitaragabeak eskainiko dituzte, eta egoera berezi honetarako bereziki sortutako ilustrazioak. Eguneroko eskaintza izango da –astelehenetik ostiralera–, donostiakultura.eus-etik eta sare sozialetatik. Zenbait idazle ezagunek, hala nola Juan Kruz Igerabide, Luisa Etxenike, Mila Beldarrain, Julia Otxoa, Xabier Etxaniz Rojo, Aritz Gorrotxategi, Oier Guillan eta Ana Malagonek, agindu digute DKEtxean Kuadernoa programaren lehen egunotan parte hartuko dutela.

 

EL MUNDO EMPEZARÁ DE NUEVO

No deberíamos despreciar las viejas sabidurías, las viejas intuiciones: hace mil quinientos años, unos vascoides excavaron refugios para salirse del mundo en tiempos de apocalipsis. En el valle del río Omecillo, que serpentea entre las actuales Álava y Burgos, varios ermitaños decidieron apartarse de los humanos, perforaron grutas en peñones calizos, labraron arcos, hornacinas, altares y sepulturas en la piedra, modelaron así los primeros templos cristianos de nuestro territorio, aplicaron eso que ahora llamamos distancia social y se prepararon como quizá hagamos ahora nosotros para la Era de la Simplificación. "Pasaron los años y la Tierra todavía no estaba limpia", advirtió San Leibowitz. "El odio dijo: 'Lapidemos, destripemos y quememos a quienes hicieron esto. Hagamos un holocausto con quienes idearon este crimen, junto con sus mercenarios y sus sabios; destruyamos sus obras, sus nombres y su recuerdo. Enseñemos a nuestros hijos que el mundo es nuevo. Hagamos una gran Simplificación y después el mundo comenzará otra vez'".

Las grutas hubieran servido como refugio antiatómico, a diez kilómetros en línea recta de la central de Garoña, cuyo nombre completo, ojo, era Central Nuclear de Santa María de Garoña. Así, el reactor estaba protegido por una vasija de hormigón de 310 toneladas, por un tranquilizador perímetro de arbolitos y por esa advocación mariana. También la central de Chernóbil se llamaba Central Eléctrica Nuclear Vladímir Ilich Lenin, porque el ser humano es ese animal que sabe liberar la energía del átomo y que al mismo tiempo pide tutela, protección y patrocinio a sus divinidades, se mueve amenazado por el mundo y se asoma siempre al final de los tiempos.

Ander Izagirre

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