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2020 apirilak 9 • 12:00

Hizkuntza: gaztelania

Mila Beldarrain, nire balkoitik

Donostia Kulturak kultur eskaintzari eusteko apustua egin zuen 2020 udaberrian, Covid-19ak eragindako konfinamendu garaian: DK Etxean. Euskal idazle eta ilustratzaileek www.donostiakultura.eus webgunean argitaratzeko propio sortu zituzten kontakizun laburrak bildu zituen eta Koadernoa izeneko egitasmo horretarako idatzitako testua duzue ondorengoa.

Desde mi balcón

Desde mi balcón, veo muchas cosas que antes no veía. Veo el silencio. El silencio pinta la calle del color de las tardes de los domingos de invierno, a veces, lo confieso, me da paz, otras veces me invita a la modorra y el aburrimiento, y procuro no hacerle caso. Desde mi balcón, veo, además, las nubes surcando a su bola el cielo azul, gordinflonas y tranquilas, indiferentes a lo que nos está ocurriendo, y no sé si hasta contentas, más blancas y limpias que nunca. Veo, también, palomas, vuelan perplejas, preguntándose dónde nos hemos metido y qué hay de lo suyo. Y me veo a mí y veo a todos. A veces, oigo pasos furtivos, que ponen ritmo al susto que tengo dentro, porque tengo susto, y a algún perro despistado ladrando a la luna. La verdad es que no se me había ocurrido imaginar que iba a estar confinada en casa por una pandemia, igual que aquellas de la peste en la Edad Media, tan lejanas e irreales hoy. Pero ha ocurrido. Reflexiono. Quizás, de alguna manera, nunca hemos estado menos solos. Une la alegría compartida y une el dolor compartido, como éste de ahora, porque cada muerte, cada contagio nos estremece, sí, esta vez lo que está pasando nos afecta a todos y cada uno de nosotros. Pero, cuando siento que me entra la cancamurria y me pongo blandita, tengo un truco, que quiero compartir por si a alguien le sirve. En esos momentos, en que no veo luz al final del túnel, sino un gigantesco y puto coronavirus taponando la salida, me acuerdo de Virginia Woolf y recito, “No hay barrera, cerradura, ni cerrojo, que puedas imponer a la libertad de mi mente”. Y, entonces, me pongo a soñar, vuela muy alto, muy alto, pienso, reflexiono, me ensancho. En esos momentos, la casa de mi mente, esa casa que todos llevamos dentro, de pronto, tiene ventanales con vistas al mar. Y decido que no podemos arrugarnos, que es hora de pelear todos juntos, muy juntos, codo con codo.

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